Crecer desde el fin.

 Se sabe que las relaciones interpersonales son un tanto complicadas. Mantenerlas en el tiempo, "regarlas" cada tanto, a veces se nos hace cuesta arriba. Lo más difícil es cuando tenemos que aceptar el fin de una relación; y es que hicimos tantos planes, tantos proyectos, las cultivamos con amor todos los días, le dimos la importancia y el espacio que creímos necesarios... sobretodo porque dejamos nuestro corazón allí.

Difícil cuando te das cuenta que solamente vos trabajabas en ésa relación todos los días, cuando caes en la cuenta que ésa amistad se convirtió en una conveniencia para la otra persona. Sí, porque sólo te necesitaba cuando tenía ganas de hacer un monólogo pero le parecía irrelevante preguntarte cómo estabas. Era más importante que escucharas sus problemas a que se interesara por los tuyos, se supone que lo rico de las amistades es intercambiar opiniones, es escucharse, acompañarse mutuamente.

Generalmente, además del dolor y la tristeza que éstas situaciones me causaban, solía culparme mucho porque sentía que no era capaz de demostrar mi amor, que quizás estaba siendo muy fría o que no podía apoyar a ésa persona cuando me necesitaba; entonces me enojaba conmigo e intentaba encontrar una razón para entender porqué todo se había terminado. Lo peor venía cuando sentía que el amor que di nunca fue correspondido. Solía pensar que siempre la responsable era yo.

Hasta que un día lo entendí... dejé de culparme y enojarme porque comprendí que mi error era esperar que un otro/a actuara de la manera en que yo lo esperaba. Me di cuenta lo importante de tener una capacidad amplia para amar y poder demostrarlo según mi lenguaje de amor, trabajar en ello e ir adaptándome a las maneras de amar de quienes me rodean. Aquí no tiene lugar la vergüenza, pues así soy... amo con intensidad, aprendí a verbalizarlo, a demostrarlo con acciones, con detalles, con la escucha...con todo lo que tengo; con mis virtudes, mis errores, mis aprendizajes e incluso con mis pedidos de disculpas.

Una vez más me toca dejar que suceda la transformación de un amor que formó parte de una etapa de mi vida muy importante, una vez más me toca dejar ir o "soltar" como dicen por ahí. Solo que ésta vez, éstas rupturas me encontraron un poquito más sabia y muy dispuesta a aprender de los "para qué" sin querer buscar un "por qué".

Son ésas cicatrices de las que me siento orgullosa y no me da pena mostrar. Cicatrices que se ven, que demuestran la valentía de animarse a amar de una forma genuina y real... fundamentalmente, cicatrices que me ayudan a transformar ése dolor en amor propio.

Dai💎

Comentarios

  1. Que bueno verte Crecer ,las cicatrices,son como las arrugas Gestuales, significa n, que te animaste a Vivir Plenamente

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Fatal

Duelitos que duelen

Keep moving forward...