UNA

 UNA

 Sus manos calientes, con caricias que sanan. Su olor característico que era capaz de tocar tu alma.

Su risa que resuena en cada rincón de mis recuerdos de niña. Su mirada profunda por momentos con calma, y por otros con furia como el mar embravecido.

Los momentos en la cocina, hacían que el resto del mundo desapareciera. El aroma que brotaba de aquellas ollas era la felicidad misma.

Sus abrazos apretados y fuertes, te reconstruían y te volvían a cero.

Hasta que un día llegó… después de mucho tiempo vivido, llegó para quedarse. De a poco le fue robando sus abrazos, sus besos, sus caricias y su mirada picara.

La cocina quedó devastada, los pasillos mudos… solo se oía el ruido de los lápices pintando algo por pintar. Su mirada perdida, su sonrisa sin brillo… se fueron apagando de a poquito.

Me fue dejando un vació difícil de aceptar, pero rendirse nunca fue una opción. Luchamos contra él, cada día era una nueva batalla, cada noche era más oscura que la otra. Y de repente… sonrió, con la sonrisa más brillante y pícara que puedo recordar. Tomé sus manos y esta vez me tocó a mí abrazarla.

Quería reconstruirla, quería sostenerla un tiempo más… pero el calor de ése abrazo no fue el mismo, y entendí que no había nada más que hacer.

Inesperadamente se fue, sorprendida, sonriendo… quizás sin ganas de irse. Su risa y su olor invaden mis sueños sin pedir permiso…

Ella es ése baúl de los recuerdos que de vez en cuando abrís, para sentirla cerquita.

Ella es el jardín en primavera y las tardes de verano.

Daiana Fassi (2021)

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